Dicen que hay amores que nunca se pueden olvidar, son esos que se
viven con mayor intensidad, que no importa la duración sino el momento vivido.
Esta es una historia de un hombre que se enamoró sabiendo que
existen mujeres que son inalcanzables, que tienen un pasado y un presente
definido, que por más que existan sentimientos es mejor el olvido.
Ese era el caso de Guillermo y Valentina quienes se conocieron en
un viaje a Santa marta, él por un viaje de negocios y ella por un paseo
familiar. Guillermo de 28 años y ella de 17, dos jóvenes apasionados por la
vida, viviendo cada día el momento sin importar los efectos. Guillermo era
fotógrafo y lo habían invitado para hacer parte de una puesta en escena para
una campaña publicitaria. Por decirlo así Guillermo era un loquillo, siempre
tan irreverente, natural extrovertido, era un tipo del estilo descomplicado,
amante de la naturaleza y del arte. Ella una joven dulce y amable con mente
abierta, llena de libertad, con ideales y pensamientos socialistas. Luchando
siempre por la causas sociales y por los animales.
Los dos unidos por el destino, se conocieron en un restaurante
cerca a la playa del rodadero mientras ella paseaba por el lugar, él estaba en
una pequeña reunión cuadrando los detalles y la logística de los lugares a
donde iban a estar. Pues tenían planeado llevar todo el equipo a playa
blanca y al parque Tayrona para tomar allí unas fotografías.
Todos creemos en el amor a primera vista, o al menos quienes nos
hemos enamorado perdidamente de alguien con tal solo cruzar miradas. Y ésta no
fue la excepción, Valentina llevaba su cabello crespo suelto, iba con un
sombrero, gafas, un short y una blusa de tiras holgada, esa mañana se
veía especialmente hermosa, traía un bolso tejido donde traía ropa para
cambiarse, entró al restaurante acompañada de su hermana y compraron unas
bebidas y se sentaron un rato allí. Al parecer esperaban a alguien hasta que decidieron
irse pues habían recibido una llamada de sus padres que habían cambiado de
planes. Solo bastó ese momento para que Guillermo quedara flechado de aquella
jovencita.
En la noche y paseando por la playa Guillermo notó que había
parranda vallenata cerca del hotel, decidió quedarse allí con unos compañeros y
tomarse unas cervezas para celebrar la vida y para festejar aquel momento. Llevó
su cámara profesional y empezó a sacar fotografías de todo el lugar. La noche
estaba estrellada y corría una brisa fría pero deliciosa que llenaba el lugar
de un sabor costeño, el olor a comida perturbaba su estómago, ya que sin querer
se le había olvidado cenar algo en el hotel antes de salir. Había una silla
donde le pidieron que se sentara, el ambiente estaba bueno, había una fogata y
algunas parejas estaban sumergidas en el mar contemplado la luna.
Todo era mágico, Guillermo aun pensaba en aquella muchachita que
se le había cruzado por el lado en el restaurante, se preguntaba quién sería e
imaginaba si algún día la volvería a ver.
Valentina emocionada por el viaje estaba recorriendo con su
hermana todas las calles, comprando bolsos, ropa y accesorios, estaba feliz y aunque
no era materialista le gustaban mucho las artesanías y también comprar
accesorios para llevarles recuerdos a sus amigos que vivían en Medellín. Sus
padres le habían dado permiso a las dos para que esa noche se divirtieran y
conocieran el lugar. Claro no deberían llegar tan tarde al hotel porque era
peligroso que las robaran o les hicieran algo. Como buena paisa Valentina era
muy pujante y decidida aunque no dejaba de lado su forma tierna y romántica.
Esa noche seria el comienzo de quizás la mejor semana de su vida.
Guillermo estaba sentado
contemplando el cielo y tomando fotografías de la personas bailando en aquella
playa, Valentina como un deja vú volvió a pasar frente a sus ojos, ésta vez iba
con un vestido blanco holgado que le llegaba un poco más arriba de las
rodillas, su cabello suelto la hacía ver como una princesa. Guillermo no
desaprovechó para tomarle varias fotografías, pero se levantó inmediatamente y
empezó a seguirla por la playa, ella descalza llevaba los zapatos en la mano y
sonreía alegremente en complicidad con su hermana. Valentina también había
visto a Guillermo en aquel lugar y le parecía un tipo muy interesante sin
embargo no le prestó mucha atención porque estaban de paso y no quería
aferrarse a nada ni a nadie que estuviera en aquel lugar.
Guillermo era un tipo muy directo, así que sin pensarlo dos veces
se le acercó a valentina y la tomó por el brazo para llamar su atención, le
dijo señorita mire lo que me encontré y le dio una pulsera hecha de
caracolitos, se la pasó con la excusa de que se le había caído y pues era
mentira pero él lo había hecho con tal de poderle hablar; ella le agradeció y
sonrió y mientras volteaba se hizo miradas con su hermana preguntándose y
éste tipo qué? Guillermo les pidió acompañarlas pues estaba solo y quería tener
amigas con quien charlar además por el acento había notado que ellas también
eran de su tierra o sea de Antioquia. Ellas aceptaron con gusto y estaban
sorprendidas que de un momento a otro, él se les hubiera aparecido. Llegaron a
un punto donde ya no era tan poblado, se sentaron allí y empezaron a conversar
acerca de lo que hacían, Guillermo era un tipo recorrido, había viajado a
varios países y conocía casi toda Colombia, era un soñador y un artista, les
mostró las fotos que tenía en su cámara y las dos quedaron maravilladas de la
puesta de sol que él había logrado captar aquella tarde. Compartieron números y
redes sociales, Valentina al igual que Lucía, estaba contenta de haber conocido
a un nuevo amigo. Aunque a Lucía, la verdad no le gustaba el estilo
descomplicado de Guillermo, porque ella era más del tipo de hombre bien
puestecito y más serio. En cambio Valentina sentía una conexión especial con él
como si se conocieran de otra vida.
Lucía había recibido una llamada y se había alejado un poco del
lugar para hablar con su novio. Entonces Guillermo encontró la oportunidad
perfecta para invitar a Valentina a una sesión de fotos donde él iba a hacer el
fotógrafo, él le pidió que lo acompañara a una de esas playas mágicas que hay
en Santa marta que son un poco alejadas y donde casi no van turistas. Valentina
le sorprendió la invitación pero no dudo en aceptar, ella era de esas mujeres
que no le temían a nada y que probaban siempre cosas nuevas. Después de
despedirse Guillermo se sentía satisfecho por haber logrado el número de Valentina
porque ella había aceptado la invitación. Valentina mientras tanto
trataba de convencer a su hermana para que le hiciera el cuarto y ella pudiera
ir aquella playa con Guillermo. Las dos llegaron temprano al hotel y Valentina
pudo convencer a Lucia para que distrajera a sus padres llevándolos al Acuario
esa mañana mientras ella supuestamente se quedaba en el hotel por un problema
estomacal. Así fue que Valentina se le voló a sus padres y se encontró con
Guillermo. Obviamente ya se habían escrito toda la noche y parte de la mañana
antes de encontrarse, se habían contado media vida por las redes sociales y
memo estaba muy entusiasmado.
Valentina llegó puntual a la cita donde la estaba esperando
Guillermo quien había contratado una lancha para llegar al lugar, aquella
embarcación los llevaría y los traería aproximadamente antes de que la marea
empezara a subir. Los dos subieron con los maletines y todos los equipos que Guillermo
llevaba para aquel lugar. Se sentaron muy cerca y empezaron a contemplar el
paisaje. Guillermo fotografiaba todo cuanto a su alrededor y ante su belleza a
valentina también. Pasados los minutos por fin llegaron a la playa y bajaron
todo el equipo, en aquel sitio, los estaban esperando un equipo completo con
modelos, maquillistas, asesores de imagen y el productor encargado. Valentina
se sintió un poco fuera de lugar, tendría que esperar a que todo el día el
estuviera ocupado y ella sola sin conocer a nadie, no le causaba terror pero si
un poco de aburrimiento.
Trato de disfrutar un poco el paisaje y la locación que habían
inventado para las fotografías. Estaba intrigada por la forma en que trabajaban
para que todo se viera perfecto en las revistas. Las modelos eran bien bonitas
y Guillermo las animaba para que dieran lo mejor de sí ante la cámara.
Pasaron las horas y llegó el tiempo de almorzar, todos traían la
comida empacada y algunos tuvieron que descansar ante la larga jornada. Al
parecer el trabajo de Guillermo ya había terminado y le correspondía a otro
compañero continuar con otra serie de fotografías en otro lugar. Por fin los
dos quedaron solos y después de comer algo decidieron realizar una caminata por
la playa viendo caer la tarde, pronto vendría la lancha a recogerlos y debían
disfrutar al máximo esta oportunidad que les había regalado la vida.
Continuará…
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