martes, 28 de abril de 2015

Un amor de Verano. Segunda Parte

Como poder explicar que el corazón de un hombre siente diferente al de una mujer, que no es el sexo lo que une a una persona sino los sentimientos y que cuando un hombre se enamora de verdad ese amor no desaparece así de la noche a la mañana.

Parecía que el famoso destino se había encargado de poner en el mismo camino a Valentina y Guillermo quienes eran dos jóvenes con una cierta diferencia de edad pero con mucho en común. Y aunque se encontraban solos en aquel momento Valentina tenía muy claro que no se iba a enamorar de un extraño que acababa de conocer y no obstante le gustaba la idea de conocer a alguien interesante pero fuera lo que tuvieran, “eso” se quedaría en aquel lugar.

Caía la tarde y el sol se ocultaba dejando a su paso un cielo lleno de colores, eran manchas en el cielo de color rojo, naranja, amarillo, azul.  La naturaleza era perfecta y la puesta en escena era fantástica, algo muy romántico. Guillermo no podía entender como una muchacha tan joven le fuera a mover el piso tan apresuradamente, y el solo escuchar su dulce voz y su sonrisa, el cielo se le iluminaba. Guillermo se había enamorado. Todo no podía ser más perfecto hasta que llegó la lancha por ellos. Parecía que el tiempo no se detenía y tenían que volver cada uno a sus respectivos hoteles. A veces los momentos pueden ser cortos pero inolvidables, pensaba Guillermo para sí mismo y aquella tarde lo había hecho enamorar aún más de Valentina. Pero ella solo quería divertirse porque a pesar de ser tan dulce no le gustaba encarretarse con cualquiera, se podía decir que era muy selectiva y que era una mujer que tenía muchos amigos. A decir verdad Valentina tenía un corazón obstinado que tenía muy claro lo que quería.

Ya en el hotel Valentina aceptó la invitación de ir a bailar a una discoteca que quedaba un poco lejos de donde estaban ubicados, Su hermana también iría y saldría perfecto divertirse antes de regresar a la realidad en Medellín. En la discoteca la esperaba Guillermo quien llevaba una pinta toda costeña con guayabera y toda la cosa, se había peinado bien para la ocasión. Estando bailando con Valentina le propuso que hicieron un trato, que si ella aceptaba no se iba a arrepentir pues los dos sabían que eran aves de paso que en cualquier momento tendrían que volver a su origen. Guillermo le dijo que vivieran al máximo esos 3 días que le restaban, que sin importar lo que pasara eso iba a hacer su secreto y una experiencia que recordarían toda la vida. Valentina lo pensó durante unos minutos y calló mientras él le preguntaba si aceptaba. Entonces fue cuando ella le dijo: Acepto, pero con una condición lo que pase entre los dos se quedara acá y ni tu puedes buscarme después ni yo puedo hacer lo mismo. No tienes derecho de llamarme o escribirme después y si lo haces yo cambiare el número celular, no puedes saber ni mi apellido ni donde vivo ni donde estudio, nada. Igual yo nunca investigare o te forzare a que me lo digas. Entendido el asunto que era bastante radical, Guillermo aceptó con tal de tenerla para él solo unos días, y sin reparos, y sin saber que ese mismo trato seria el cuchillo que haría sangrar su herida más adelante.

De un momento a otro empezaron a besarse y la música los rodeaba, el alcohol también había empezado a hacer efecto, duraron más o menos una hora en el lugar bailando y acariciándose, hasta que una cosa llevo a la otra, y ya sin poderse aguantar más Valentina acepto ir al Hotel donde se quedaba Guillermo. Subieron las escaleras casi tropezándose con todo, ya no importaba ni la hora ni el lugar o si su hermana la estuviera esperando. Su mente se había dispuesto a disfrutar. Y esa noche fue de esas donde se permitía todo y donde no hubo ningún reparo por parte de los dos.  Cuando entraron ni siquiera prendieron las luces, sino que decidieron quitarse la ropa como dos locos que urgían entregarse a la pasión. Ella más rápido que el, se quitó todas sus prendas y quedo desnuda en la cama, mientras el, la seguía rápidamente para no perder ni un minuto porque el tiempo era muy valioso para esa pareja que solo contaba con menos de 2 días para disfrutar de su aventura. El aire acondicionado estaba encendido pero el ambiente estaba lleno de fuego, besos iban y venían, caricias por doquier, y por supuesto sus cuerpos entrelazados se amaban como si el mundo se fuera acabar. Valentina estaba bien llevada del alcohol, la mitad de su cuerpo le respondía pero la conciencia estaba perdida entre lo que había bebido y la adrenalina que estaba viviendo mientras tenía sexo.  Creo que no estaba muy consciente de lo que serían las consecuencias de esa noche. En cambio Guillermo a pesar de estar pasado de copas, todavía estaba consciente de lo que hacía y por supuesto semejante escena lo había dejado completamente despierto, y es que quien no podía estar así disfrutando de aquella mujer tan hermosa de la que se había enamorado. Cuando aquel momento finalizó, valentina se echó en sus brazos y allí se quedó dormida, mientras él le acariciaba el cabello y la espalda. Era increíble que estuviera en Santa marta y con una encantadora mujer en su cama. Aun así pensaba en lo que pasaría después de que se despidieran. Faltaba poco para que fuera domingo pero no quería estresarse con algo así, dejaría que todo pasara conforme habían hablado los dos.

El celular no paraba de sonar eran como las tres de la madrugada, y Lucia la hermana de Valentina la estaba buscando con desesperación. No podía llegar al hotel sin su hermana porque sus padres armarían el alboroto en la mañana. Guillermo medio dormido y como pudo se paró de la cama, y buscó entre la ropa de Valentina el móvil hasta que logró contestarlo, Lucia extrañada le gritaba que con quien hablaba, a lo que él le respondió que con Guillermo, le dijo que no se preocupara que se fuera para el hotel que él se encargaba que Valentina llegara antes de las seis que la dejara dormir porque estaba muy borracha.
Lucia se tranquilizó y le recomendó a Guillermo que no la hiciera quedar mal con sus padres porque después toda la culpa recaería sobre él.
Mientras dieron las 5:00 de la mañana, Guillermo se llenó de una angustia increíble, se había acordado que no se habían protegido. Mil cosas pasaron por su cabeza fue como ver la vida en imágenes, pensó en todos los posibles desenlaces, pero obviamente su imaginación voló muy rápido y la idea no era adelantarse a los hechos por algo que solo había sucedido una vez. El mismo se daba moral y trataba de no preocuparse porque siempre había sido un tipo descomplicado y ya el tiempo lo diría todo.
Cuando llegó la hora, levantó a Valentina quien estaba medio enguayaba y un poco aturdida por lo que había pasado, ella se vistió rápidamente y ni un beso le quiso dar, estaba toda rara y miraba mal a Guillermo. Al parecer Valentina pensaba que él se había aprovechado de su borrachera para llevarla a la cama.  Bueno pero la historia no termina allí porque a pesar de que Valentina había cometido una locura no se arrepentía de nada así que al otro día fue ella, la que llamó a Guillermo para que fueran a un lugar apartado y se encontraran de nuevo. Y así fue porque él logro llevarla a una playa que quedaba cerca donde permanecía siempre solitaria y allí otra vez se dejaron llevar por la pasión y terminaron nadando desnudos en el mar haciendo el amor, los ojos claros de Guillermo estaban más que iluminados viendo como contrastaba el paisaje con el cuerpo desnudo de valentina sumergido en el agua como historia de película no podía desaprovechar para llenarla de caricias y de tenerla una vez más entre sus brazos.

Otro día más en que Valentina se les perdía a su hermana y a sus padres. La situación había dado lugar a que los padres empezaran a sospechar de donde se encontraba realmente Valentina. Así que mandaron a su hermana a buscarla porque debían empezar a empacar las maletas, ya que solo faltaba un día para irse. Valentina apareció pronto e inventó excusas diciendo que se había perdido por culpa de un guía que la había llevado y la había dejado sola en la ciudad.

Dicen que los momentos se deben vivir aquí y ahora porque cuando nos morimos nada nos llevamos sino los recuerdos, y parecía que Valentina vivía su vida al máximo por esta ideología pero lo que no pensaba era que eso más adelante le traería muchos problemas porque cuando lo haces sin responsabilidad las consecuencias son más trágicas de lo que  esperabas.
Y así paso ese día entre la despedida de esos dos y la discusión con sus padres, para ella una aventura más y para él los momentos más memorables vividos. Ya no se verían más adelante ni tampoco se llamarían pero el destino siempre es un pañuelo y por más que quieras alejarte de él siempre termina por enredar más las cosas.

Pasaron los días y Guillermo volvió a Bogotá donde vivía su mamá para estar unas semanas con ella, antes de viajar a Medellín de nuevo a trabajar y aunque éste no había sido un viaje de placer le había sacado el mayor provecho.

Guillermo nunca había sido de muchas novias y aunque se lo pasaba viajando, el trabajo no le daba lugar a tener una relación estable. Por eso su madre le decía que ya era hora que sentara cabeza y aprovechara el tiempo para buscar a la que sería su esposa  y tal vez él quería hacerle caso pero la única con quien quería vivir el resto de sus días, ya estaba en algún lugar desconocido y él no quería romper el trato y parecer un intenso buscándola así se quemara por dentro. Él pensaba que era raro que una mujer tan dulce y amable como Valentina no se enamorara así como él lo había hecho de ella, realmente parecía muy raro que ella fuera como esas chicas que solo buscan pasar un momento y ya, tal vez Valentina escondía algo y por eso no quería que se volvieran a comunicar. Mientras pensaba empezó a descargar de la cámara al PC, las fotos que había tomado y allí aparecieron más imágenes sobre ella, ya no le bastaba con tenerla en su cabeza sino que también tendría el recuerdo más bello de su rostro para siempre y en su cuarto. Imprimió todas e hizo un álbum con ellas. Pero una en especial la colgó donde la pudiera ver siempre.

Los meses pasaron y Guillermo trataba de olvidar a Valentina aunque era imposible sacársela de la cabeza, él todavía pensaba  en todo lo que pudieron haber vivido si ella no le hubiera puesto ese trato tan radical. Lo que no sabía Guillermo es que de ese amor de verano había quedado algo más que simple recuerdos.
Valentina en cambio pasó los peores tres meses de su vida, el mundo se le vino encima y ella si trato de contactar a Guillermo pero su teléfono se le perdió durante el regreso a Medellín y no tuvo manera de poder contactarlo, valentina estaba viviendo una pesadilla pues de esas veces que estuvieron juntos había quedado sembrada en ella una semilla y ahora se encontraba esperando un bebe de Guillermo. Y quien sabía si algún día pudiera encontrarlo y contarle lo que había sucedido. Sin embargo Valentina decidió continuar con su embarazo y cuidar a ese bebe así estuviera en contra de todo y tuviera que abandonar los estudios. Sus padres estaban muy dolidos y veían a Valentina como una cualquiera que ni siquiera sabía el apellido del papa de su hijo y menos donde vivía. Ellos no entendían el trato que había hecho Valentina con Guillermo pero ahora lo único que importaba era que ella pudiera de alguna manera encontrarlo.

Mientras la barriga crecía Valentina no perdía las esperanzas, trató de buscarlo por Facebook y otras redes sociales pero como podía encontrarlo sino sabia el apellido. Toda la información la tenía consignada en su celular y ya lo había perdido. Que mal para ella, solo esperaba y rogaba al cielo que un día se lo pudiera encontrar y darle a ese bebe un padre. Mientras eso sucedía Guillermo no podía sacarse de la cabeza a  Valentina; era como si se comunicaran telepáticamente pero valentina no lo hacía porque sintiera amor por Guillermo sino pensando en el futuro para su hijo porque de un momento a otro tenía que reconocer su irresponsabilidad y hacerse cargo de una vida, y para una chica de 17 años era muy complicado.

Pasaron los meses y Guillermo consiguió novia, llevaban saliendo y las cosas iban muy en serio tanto así que tenían planes de boda pues él iba a cumplir 29 años y le había salido un trabajo muy bueno en Bogotá, quería olvidar a Valentina que lo atormentaba siempre en sus pensamientos, y la única opción era ver en su novia la mujer de su vida.

Pero por más que trates de huir de las circunstancias un día sin esperarlo te vuelves a encontrar con el destino de frente y eso fue lo que sucedió a Guillermo, quien no sabía ni se imaginaba que tenía un hijo por ahí sin conocer y que Valentina estaba mas cerca de lo que él pensaba...  


Esta historia continuará…

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